El fracaso espiritual del zen europeo

 

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En las comunidades zen monásticas de los últimos tiempos, hay una especie de falso zen que protege la enfermedad como si fuera una medicina. Nunca habiendo tenido ninguna iluminación experiencial, consideran la iluminación como una construcción, una palabra utilizada como incentivo, una caída en asuntos secundarios, un tema subordinado. Aquellos que nunca han tenido la experiencia de la iluminación en sí mismos, y que no creen que nadie más haya tenido experiencia de la iluminación, consideran que el vacío, la inercia inerte, es lo primordial. Comen dos comidas al día, no trabajan, solo se sientan y llaman a esto “paz interior”.

Dahui (1089-1163)

Los que adoptaron esta postura en el Japón feudal también hablaron de “simplemente sentarse”, pero la rodearon de rituales elaborados, considerando que la obediencia a las reglas y observancias de su culto era todo lo que se necesitaba en el camino de la iluminación. De vuelta en China, el maestro Mi-an también señaló una falacia más sutil de este Zen “sin iluminación”: “Solo por no haberse dado cuenta personalmente del despertar, lo que hacen es detener temporalmente la percepción de los objetos, luego toman el fragmento de luz que aparece antes de sus ojos como la cumbre de la perfección. Esta enfermedad es la más miserable ”. La construcción de rituales y títulos de fantasía para celebrar y consagrar estas experiencias como absolutas hizo que la situación fuera extremadamente crítica en el contexto del zen religioso. Podría decirse que esta es otra ventaja del Zen secular, en donde la realización debe ser efectiva en todas las experiencias y no está ritualizada.

Los registros históricos muestran el fracaso espiritual del movimiento de Zen sin iluminación, pero también muestran el atractivo de esta doctrina para las autoridades que querían una religión estática e ineficaz aprobada por el estado para absorber el exceso de energía de la población de una manera que las autoridades podían controlar sin acción militar contra sus propios súbditos. Como los maestros clásicos mismos ya señalaron en China hace mucho tiempo, el ritualismo autoritario con sus potentados magistrales, cortes, vestimenta y misterios sagrados, es en realidad una reliquia histórica político-religiosa, no la auténtica herencia del Zen viviente ilustrado.

En el Zen Europeo a ocurrido la repetición del mismo patrón con el añadido que el ritualismo es un ritualismo exótico, extraño a la cultura de nuestros países, un teatro para orientalistas, sin alcance, sin posibilidad ni siquiera de proporcionar agarre para una religión civil, una cualquier forma de opio.
El fracaso espiritual del zen europeo está delante de nosotros, con el envejecimiento de los practicantes la falta de jóvenes, la huida en el ritualismo, la comercialización de la práctica, la reducción a terapia y autoayuda. Es probable que en los años venideros el zen desaparezca en Europa, ojalá de las cenizas de hoy pueda renacer un zen, sencillo, austero y laico.

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Bambu para ti se levanta el viento fresco Shodo Harada

Trad. Pietro
 
ake kimi ga tame ni yoyo seifu o okosu
 
El bambú ha sido desde la antigüedad un símbolo de pureza y simplicidad, e incluso se dice que tiene las calidades del sabio. En el bambú hay una articulación que separa la parte inferior de la parte superior. Debido a estas articulaciones, el bambú es lo suficientemente flexible para inclinarse y luego levantarse nuevamente. Y como está vacío por dentro, el bambú es puro y no puede contener deshonestidad. En la antigua enseñanza china, el bambú se tenía en alta estima como un ejemplo de estas calidades. Mientras observamos el viento que sopla a través del bosquecillo de bambú, haciendo que se balanceen, sentimos frío. Las palabras., “para ti el viento claro se levanta”, son las del sacerdote Kido Chigu Zenji, que vivió en China en el siglo XIII y fue maestro del maestro japonés Daio Kokushi, Nampo Jomyo Zenji. Kido Chigu Zenji es recordado en los registros de los Patriarcas por sus poemas expresando su sabiduría. Ahí encontramos este poema:
 
¿Quién lo sabe? En el camino
Hacia las ruinas desoladas,
Se encuentra el Templo de Kanzan, donde demora un buen amigo
Después de la visita
Él nos acompaña con afecto a la puerta.
El bosquecillo cercano de bambú se balancea
y nos despide con el viento claro.
 
Este poema de Kido está lleno de sabiduría y expresa nuestro sentimiento humano más profundo.
 
De lejos, buenos amigos han venido a visitarnos. Como se detienen en el camino a otro destino, la visita no puede ser larga, pero como los visitantes y su anfitrión hablan por primera vez en mucho tiempo, permanecen despiertos toda la noche, sin siquiera darse cuenta. A medida que el alba se acerca, es necesario que los visitantes se vayan. Mientras se dicen adiós en la puerta principal, el viento sopla y el bambú en la arboleda se balancea, y es tan difícil separarse. Es un momento tan profundo, no sabemos si volveremos a encontrarnos nuevamente en esta vida. Nuestros encuentros son siempre momentos de “una vez, una oportunidad”.
 
En el budismo se enseña:
 
Todas las cosas que nacen morirán
Todas las cosas que se encuentran se separarán
Donde hay nacimiento habrá muerte
Donde haya reunión habrá separación.
 
El encuentro es el comienzo de la despedida; cada reunión siempre está acompañada de la separación. Incluso si nos volvemos a encontrar, nuestro encuentro de este momento nunca se duplicará. Incluso cuando solo tenemos una pequeña cantidad de tiempo, estar juntos es algo por lo que debemos estar profundamente agradecidos, una conexión kármica muy misteriosa. Reunirse con la gente siempre es una cuestión de conexión kármica. Al pensar de esta manera, la separación se vuelve muy conmovedora. Es la verdad de nuestra vida, y cada vez que nos encontramos con alguien, cada momento de este enchentro debe considerarse precioso.
 
En Rodenburg, Alemania, en la puerta principal de la ciudad está escrito:
 
Para los que viajan un lugar para reposar
Para los que están de paso una sonrisa
Para lo que se van un augurio de buena suerte.
 
Nuestra despedida y nuestros encuentros siempre deberían ser así. Desde lo más profundo de nuestra mente, ofrecemos nuestros mejores deseos de que, a medida que viajemos, encontremos agua segura y alimentos saludables y que el viaje vaya bien. En la vida, estamos siempre y continuamente viajando. Dentro de ese viaje, estamos agradecidos por todas las personas con las que nos encontramos, y les deseamos toda la frescura de ese viento claro.

Basui

 
En su vida no oyó nada más que los ruidos de la guerra civil por eso Basui asentó su enseñanza sobre los sonidos del mundo. Nació en Japón en la era Minamoto, en la provincia de Sagami, prefectura de Kanagawa, en una oscura familia de samurai. Su madre soñó que iba a parir un diablo y abandonó el recién nacido en un bosque. Fue encontrado por una familia de sirvientes que lo adoptaron. Cuando tenía cuatro años su padre murió dejandole un miedo terrible al infierno.
Vivió su infancia obsesionado por las llamas del infierno, los espíritus hambrientos. Empezó entonces a meditar a una edad muy temprana sobre la vida después de la muerte.
En la adolescencia descubrió que nada puede ser llamado alma y que en realidad todo es vacuidad y por algún tiempo encontró algo de paz. Pero un día encontró un libro en el cual leyó: “La mente es el casero, el cuerpo es el huésped”. Tal lectura lo llevó a pensar que si el alma es el huésped, entonces no puede ser vacía. Con este Koan en el espíritu se fue a practicar con el Maestro Oe del templo Jifuku. Desde el comienzo se negó a cortarse el pelo y a practicar cualquier tipo de ritual. Se iba de su casa a los templos como un peregrino, visitaba a los maestros más importantes, le hacía preguntas acerca del zen y luego se iba por su camino como laico. Prefiriendo sentarse en zazen en la soledad de los montes que practicar como monje en un templo. Un día, habiendo oído hablar de un monje eremita llamado Tokukei Jisha, se afeitó la cabeza sin dejar sus trajes de laico y se fue a verle. Mirando su cabeza el eremita le preguntó: – ¿por qué llevas estos trajes de laico? -Basui contestó: – Me hice monje para entender el sentido de la vida y de la muerte y no por llevar traje budistas.-. El monje eremita le hizo otra pregunta: – ¡Has penetrado los koans de los antiguos maestros? – Basui contestó: – No, en absoluto, cómo podría entender los pensamientos de otros si no entiendo mi propria mente! -. – ¿Entonces, cómo concibes tu práctica religiosa? – Basui: – Me volví monje para entender la fuente del Buda-Dharma, cuando alcanzaré la iluminación enseñaré a todos los seres según sus capacidades, mi intención se de ayudar a todos los seres a liberarse del sufrimiento aunque por esto tenga que caer yo en el infierno. –
Tokukei se quedó muy impresionado por este joven monje heterodoxo.

Para vivir con gratitud, una entrevista con Robert Kennedy, S.J., Roshi

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Trad Pietro
“No dejaremos de explorar”, escribió el poeta católico T.S. Eliot. “Y el final de nuestra exploración será llegar al lugar donde comenzamos y conocerlo por primera vez”. El padre Robert Kennedy ha explorado el mundo desde que fue ordenado sacerdote en 1965. Se unió a los jesuitas en la Xavier. High School en la ciudad de Nueva York, jurando permanecer de por vida, y cumple. El alto y amable Kennedy, que se describe a sí mismo como conservador por su temperamento, estaba sirviendo la Iglesia en el conservador Japón cuando el Vaticano II estaba desmantelando la cultura católica que él había conocido y amado desde que era un niño. El impacto de volver a casa y encontrarlo todo transformado lo llevó al Zen. Como jesuita, Kennedy estaba naturalmente interesado en estudiar otras religiones, pero también estaba buscando una manera de ser católico que no dependiera de las formas externas. Después de completar sus estudios de doctorado en teología y prepararse para el entrenamiento psicoanalítico, regresó a Japón en 1976 para estudiar con Yamada Roshi en Kamakura. El maestro Zen le aseguró al sacerdote cristiano varias veces que no quería convertirlo en budista, sino vaciarlo “en imitación de ‘Cristo tu Señor'”. Kennedy estudió con Maezumi Roshi en Los Ángeles y con Bernard Glassman Roshi en Nueva York. Glassman nombró a Kennedy maestro o sensei en 1991, y le confirió un sello de aprobación final, en 1997, convirtiendo a Kennedy en un roshi zen o maestro. A través del Zen, Kennedy llegó donde empezó, a Dios. En una forma de verdadera contemplación cristiana, afirma, no hay palabras ni conocimiento de ningún sujeto u objeto. Vino a ver lo que Meister Eckhart, Thomas Merton y otros contemplativos contemporáneos describieron: Al final de nuestro esfuerzo, no solo estamos destinados a seguir a Cristo, sino a ser Él. Nuestra verdadera identidad es ser uno con Dios. Parabola se reunió con Kennedy para almorzar y conversar en la residencia de los jesuitas del St. Peter’s College en Jersey City, Nueva Jersey, donde enseña teología y japonés.
PARABOLA: ¿Puedes hablar sobre esos momentos en que Dios parece estar en silencio, sobre lo que la tradición cristiana considera como la oscuridad de la fe? ROBERT KENNEDY: Al principio, la fe puede ser muy fácil. Es como ser un niño que naturalmente ama escuchar historias. Algunas personas llevan esa hermosa fe infantil durante toda su vida. Pero para algunas personas, las historias religiosas y la liturgia y los símbolos pueden colapsar de repente. Esto puede ser muy doloroso. Jesús mismo pareció experimentar la desaparición de Dios, la desaparición del consuelo como ser humano, en Gethesame, en la cruz. “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Para algunas personas este silencio u oscuridad debe ser soportado para que puedan tener su propia voz, para que puedan ser verdaderamente ellos mismos. Dios no cambia; nuestra percepción de Dios a menudo cambia a través de la vida. Proyectamos en Dios nuestras más altas aspiraciones, y por supuesto, este no es Dios. Llega el momento de andar con nuestros propios pies, cargar nuestra propia cruz, morir nuestra propia muerte. En la tradición cristiana, el objetivo es llegar a ser Cristo mismo. Hay un koan Zen, “¿Cómo saludar a alguien sin palabras o silencio?” En Zen, el silencio tambiénn se enfatiza, pero debe ser productivo y fructífero, incluso si se experimenta como una espera paciente. No significa falta de energía o disposición silenciosa.
P: En nuestra cultura, es muy difícil para las personas, guardar silencio.
RK: La cultura está en contra de estar solo, o estar tranquilo, o soportar la soledad sin distracciones. Estaba hablando con algunos sacerdotes diocesanos, que recordaban cómo la hora santa, cuando se suponía que debían permanecer callados y orar en la iglesia, a veces era tan difícil, tan dolorosa. Toda su vida estuvo orientada al trabajo y al servicio. Qué difícil fue estar quieto.
P: Ya no hay sábado.
RK: Creo que los cristianos hemos perdido mucho cuando perdimos el sábado. Supongo que no hay marcha atrás, pero la idea de brindar un día completo a la reflexión y la tranquilidad es algo maravilloso. Los judíos hablan de dar la bienvenida al sábado como una novia. Ellos lo sostienen con gran reverencia. Creo que es un gran regalo que hemos perdido. Ir a misa durante una hora a menudo no lo hace.
P: ¿Hay un punto en el que desaparece la demarcación entre meditación y oración?
RK: Creo que el Zen tiene una gran resonancia con el cristianismo en el punto donde los cristianos se dan cuenta de que todas las imágenes de Dios son solo nuestras proyecciones, en realidad. Nos imaginamos las cosas más bellas y mejores que podemos pensar, y eso por supuesto no es Dios. Meister Eckhart dice, deja a Dios por Dios. Es un error hablar demasiado rápido sobre el amor. El peligro es que imaginamos lo que Jesús es y luego tratamos de enamorarnos de lo que acabamos de imaginar. No es una base muy sólida para nuestra vida. No es solo una cuestión de amor sino de atención, de estar presente sin las distracciones de estas imágenes, ponernos en presencia de una realidad que no conocemos, estar en silencio pero no a la deriva, tratando de estar completamente despiertos, no en una Mundo “espiritual”, pero en este mundo. ¿Podemos estar despiertos donde estamos, donde nos sentamos, sin darle un nombre o un juicio al respecto?El Zen dice que no juzgues de ninguna manera. Y ese es un lugar maravilloso. Pero también hay otro paso, cuando nos damos cuenta de que esta verdad eterna, en cuya presencia estamos sentados, no es un objeto frente a nuestra mirada, sino que es experimentado como nuestro yo. El practicante fiel debe finalmente dejar de adorar a los héroes y actuar desde un centro de confianza, y vivir de esa manera, volviéndose útil. El silencio puede ser tremendamente fructífero al llevarnos a estas diferentes etapas de la vida.
P: Usted escribe en su libro a propósito de la pobreza interna, esa etapa en que una persona deja de esperar a Dios.
RK: Creo que la primera experiencia es cuando renunciamos a pensar en Dios como donador de regalos, separado de nosotros mismos. Descubrimos el gran regalo del propio Ser de Dios para nosotros. Este es un significado de la Encarnación, la unidad de lo divino y lo humano. No solo se aplica a Jesús, se aplica a todos nosotros. Somos uno con este Absoluto, uno con Cristo que fue uno con el Padre. Y todo se nos da a nosotros. En el momento de la Creación, todo se derrama. Dios no tiene que jugar con Su creación. Es perfecto, y se juega en nuestras vidas, tal como lo experimentamos. Todo es un regalo. Deja de preguntar esto o aquello. Tenemos el propio espíritu de Dios ¿Por qué deberíamos pedir juguetes o baratijas? Y algo se sigue de esto: no tenemos virtud ni mérito. La virtud y el mérito nos son dados. Paul-Elie Ranson [1864-1909], Cristo y Buda, 1890 P: Si trabajo duro en mi práctica espiritual, me siento todos los días, y así sucesivamente, ¿eso no me gana el mérito?
RK: No
. P: ¿Cómo puede ser eso cierto?
RK: La fe exige la destrucción de lo que la fe construyó. No se nos pide que abandonemos lo peor en nosotros mismos, sino lo mejor. Las cosas que nos hicieron lo que somos. De las cosas de las que nos sentimos orgullosos, en las que basamos nuestra confianza. Debemos verlos como regalos, no como posesiones privadas. Esto puede ser aterrador, si contamos con entrar al cielo solo por nuestras buenas obras. Pero también es inmensamente liberador. Solo tengo que actuar en este mundo.
P: Entonces, ¿qué se puede hacer?
RK: Cállate por un momento, y deja que nuestras limitaciones se desvanezcan gradualmente. …. No tenemos que escalar la montaña más alta. Los koan Zen están llenos de esto y tiene resonancia en la fe católica.
P: Cuando Dios dice “Quédate quieto, y conoces que yo soy Dios”, ¿es eso lo que quiere decir?
RK: Creo que sí, pero volvería a la pobreza. Es la pobreza de darse cuenta de que no tenemos virtud, no tenemos ningún mérito. Todo está dado. Todo es un regalo. No hay negociación con Dios, según la visión cristiana. No hay ofertas
P: La vida nos da a la mayoría de nosotros destellos de esto. Pero nos olvidamos
RK: Sí, lo hacemos. Y esa es nuestra vida La práctica es seguir volviendo a la práctica, seguir prestando atención y usar aquellas cosas que nos ayudan a prestar atención, como una buena postura, una respiración suave, un lugar tranquilo. Y ciertamente no ser exigente ni quejarse. Creo que la actitud básica en todas las religiones es la gratitud, vivir con gratitud.
P: Cuando los católicos hablan de “la voz interior quieta y pequeña”, ¿qué significa eso?
RK: Bueno, creo que en el mundo cristiano, el significado principal de la revelación es la experiencia de que Dios nos conmueve de algún modo. De nuevo, las palabras fallan. Dios de alguna manera nos revela algo, algo acerca de Dios mismo, o algo acerca de nosotros mismos, algo acerca de nuestro camino en la vida, lo que debemos hacer, y la gente generalmente siente mucho sobre eso en las religiones semíticas, que Dios no solo existe sino que puede hablar. Me encanta la historia del joven rabino que no podía continuar con sus estudios porque se echaría a llorar solo leyendo las palabras “. El Zen no tiene nada que ver con la revelación, por supuesto. Se trata de nuestra experiencia en el momento presente.
P: Realmente eres católico en el sentido de que vives en un mundo global.
RK: A los jesuitas se les enseña especialmente a amar al otro como otro, no a tolerar al otro, sino a caminar en sus zapatos y experimentar lo que experimenta, la parte de la verdad que todos tenemos. Esto no es relativismo, es decencia, al tratar con otra persona. Nunca descartas a alguien . Eso me encanta especialmente en el budismo. Nunca se puede decir “no soy eso”. Siempre imaginamos que la verdad está del otro lado, pero está justo aquí, somos nosotros mismos. Y creo que ese es un significado de la Encarnación: es nuestro ser. Cuando San Agustín solía dar la Comunión en el norte de África, él decía: “Recibe lo que eres”. No es en lo que te puedes convertir. Tú eres el Cuerpo de Cristo. Así es tu vecino. Entonces, por supuesto, debes amar a tu prójimo como a ti mismo. ¿Cuál es tu vecino sino tú mismo? Si la gente ve esto de una manera diferente, está bien. Uno podría decir: “Amo a mi prójimo porque mi prójimo es Cristo”. Otro podría decir: “Mi prójimo es mi ser”. Están diciendo las mismas cosas de diferentes maneras.
P: Pareces estar diciendo que hay palabras, y luego está el silencio, la realidad.
RK: Tanto las palabras como el silencio son realidad. Al final, cristianos y budistas se reúnen en el cuenco de mendicidad. Para los cristianos, hay una realidad que nos trasciende y nos llama. En el Zen, la experiencia del vacío nos lleva adelante. Pero cualquier cosa que diga sobre el Zen, se puede decir exactamente lo contrario. El Zen diría que deberíamos llegar a Zazen con absoluta confianza, que la debilidad no es útil. El Zen diría “ven a la meditación como un campeón a punto de entrar en la competición”. Esto se puede hacer, y podemos hacerlo. Recuerdo que Maezumi Roshi me dijo que la pobreza no es una virtud para los budistas. Dijo que los cristianos parecen hacer una virtud de la pobreza, y los budistas no. Hizo hincapié en la confianza, la apreciación de nuestras propias capacidades, en cierto sentido, las riquezas.
P: ¿La gente lo llama Padre o Roshi?
RK: Mis compañeros jesuitas y amigos simplemente me llaman “Bob”. En la escuela, por lo general es profesor, en la parroquia es Padre, en el zendo es Roshi.
P: Y cuando te sientas en quietud, ¿cómo te conoces?
RK: Solo me siento hasta que el yo se cae. No Roshi, no padre, no Bob. Cuando experimentamos por primera vez este vacío, puede ser aterrador. Parece un lugar muy solitario. Pero esta es una etapa temporal. Finalmente, no es que hayamos perdido todo, sino que hemos ganado todo. Todo lo que vemos es nuestro ser. Y no hay un paso final. No podría haber un paso final en el Zen. El Zen es vida, y siempre se está abriendo.
P: El Zen es particularmente bueno al hacerte saber que no hay ningún lugar adonde ir, nada que obtener.
RK: El Zen quita todo ese sentido de santidad. Un maestro zen chino me dijo: “Es tan difícil tratar con los católicos, porque aman su vida espiritual. “Y el Zen está tratando de mostrarles que no existe una” vida espiritual “. Solo hay una vida, con diferentes aspectos. Siempre me conmovió eso.
P: ¿Tienes una forma tuya de ser Zen.
? RK: Yo era un sacerdote jesuita antes de llegar al Zen, así que siento que mi propio camino es tratar de presentar el Zen al pueblo católico. Creo que sería un gran regalo traer a tantas personas que están tratando de aprender a vivir y a orar honestamente. Y creo que podemos aprender de todo el mundo como católicos, y ciertamente del Zen. Que no son nuestros enemigos, aunque intelectualmente son diferentes, esa diferencia puede ser enriquecedora y conducir a la luz, a la amistad y al trabajo en común con personas de ideas afines.
P: Creo que la palabra católica significa universal. RK: Absolutamente. En las maravillosas palabras de San Pablo, todo lo que sea verdadero, lo que sea bello y hermoso, hace esto. Ir de la verdad a la verdad, sin atascarse. Mire todo lo que aprendimos de los griegos. Todo lo que aprendimos de los judíos. Podemos aprender de todos. De Parabola, vol. 33, No. 1, primavera de 2008

Pang Yun Pang el Laico Un Vimalakirti Chino

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Por Pietro Cadelli
La mayor parte de la carrera de Pang en el Zen tuvo lugar bajo el reinado del emperador Te-tusng (779-805) cuya tácticas brutales y cuyos pretorianos fueron la causa de sendas rebeliones en el imperio.
La situación era tan grave que los gobernadores civiles tenían que estar listos para desempeñar un papel militar. El esfuerzo del Emperador para deshacerse de las autonomía de la cual las provincias habian gozado antes de la rebelión de Lu-Shan fue tan intenso que en 781 las provincias del norte se reunieron en una liga contra el Emperador. Las diferencias entre los rebeldes permitieron que el emperador conservara su poder. Finalmente Te-Tsung cayó bajo el control de los eunucos militares a los cuales había dado el poder para mantener el orden civil. Su sucesor Shun-tsung no pudo reinar y fue sustituido por Hsien-tsung que gobernó en los últimos años de la vida de Pang, un tempo en el cual se fue reorganizando la sociedad a escala local, lejos de los esquemas confucianos del poder central.
Pang nació en el 740 y murió después de la eclipse de luna del 3 de agosto 808. Era el tiempo del desarrollo de los linaje de Sekito, Hyakujo, Yakusan, Nansen. Pang como otros que practicaron el Zen sin ser monjes eran llamados chuh-shih.Sin embargo Pang se rindió en los centros de los más importantes maestros permaneciendo sendos periodos en sus monasterios. Era el hijo de un funcionario de una pequeña ciudad en Hsian-yang. Luego la familia por la promoción del padre se trasladó en Hung-yang. El cumplió todos sus deberes confucianos: casarse, montar su negocio, y criar a un hijo y a una hija. Fue sólo después del matrimonio que su interés por los asuntos espirituales empezó a manifestarse. El añadió una pequeña ermita a su casa donde se retiraba para meditar con toda la familia. Ahí escribe versos y se entretiene con la filosofía.
“Cómo es dificil mi estudio, es como secar diez mil kilos de paja hilo por hilo tendiendolos al sol”, Su mujer contesta: “Mi estudio es muy fácil, como tocar el suelo con los pes para irse a la cama. He encontrado la enseñanza en el medio de plantas en flor. La hija de Pang, Ling Chao, que lo acompañará toda su vida, escribe- “Mi estudio no es fácil ni es difícil. Cuando tengo hambre como, cuando tengo sueño duermo”. El hijo es menos conocido, se quedó en casa cuidando de su madre y se fue como campesino cuando el padre donó la casa a un templo, llenó un barco con sus enseres, navegó en el río Shao y se metió en viaje con Ling-chao. Padre e hija se alimentaban vendiendo en los mercados los bonitos utensilios de bambú que creaban.
En el 786 Pang apareció en el Monte Nan-yueh, el Monasterio de Sekito y le preguntó: “¿Quién es el hombre que no acompaña los diez mil dharmas?
Sekito contesto golpeandole con la mano en la boca y pang alcanzó al instante la iluminación. Se quedó un año con Sekito practicando zazen con los monjes como estudiante laico Un día el maestro le preguntó: – ¿Cómo va tu zen?
Pang contestó: – no hay nada que yo pueda decir de mis actividades diarias.
Sekito: es precisamente por que sé que no sueles expresarte con palabras que te pregunto.
Como respuesta Pang compuso un poema cuyos dos primeros versos se han quedado emblemáticos en el zen.
Mis actividades diarias son del todo normales
Pero las desarrollo en armonía
Sin asir nada, sin rachazar nada
En ningún lugar hay obstáculos, ni conflictos
Mi poder mágico, mi maravillosa hazaña:
Dibujar en el agua y cortar con la madera.
Sekito le propuso de hacerse monje pero él contestó: – hago lo que quiero. Luego se rindió Kiangsi, el Monasterio del grande Baso. Al encontrar el Maestro le preguntó:
¿Qué tipo de personas es aquella que no encuentra compañía entre las diez mil cosas?
Baso le contestó: – Traga toda el agua del Río Occidental de un trago y yo te lo diré.
Pang experimentó un profundo despertar y decidió quedarse una temporada. Un año después Baso le ofreció el traje negro a cambio de su traje blanco de mendigo. Una vez más Pang se negó.
Confiando completamente en su comprensión del zen se atrevió a desafiar a Baso:
Un hombre cuya naturaleza original no está obscurecida te ruega que mire hacia arriba.
Baso miró hacia abajo.
Pang dijo: – Nadie toca el laúd como tú.
Baso miró hacia arriba. Pang se prosternó y Baso regresó a su cuarto. Pang le dijo: – intentando hacerte el listo lo has liado todo.
Este diálogo escenifica la metáfora del huésped y del anfitrión tan importante en la escuela de Baso. Aquí cada uno asume uno de los dos papeles y luego se los intercambian evolucionando con soltura entre forma y vacío en un drama que integra perfectamente los dos puntos de vista.
En sus viajes Pang encontró un amigo, un buscador vagabundo el cual había trabajado como jornalero en el monasterio de Baso y se había decidido a cortarse el pelo y a tomar el hábito negro. Se llamaba Tan-Hsia (Jap. Tanka) y se hizo famoso por quemar una estatua del Buda en una noche de invierno para calentarse. Los dos amigos se fueron de monasterio en monasterio poniendo a prueba su Zen con los que lo querían y junto con Ling-Chao midiéndose en el camino en los combates del Dharma.
En el mismo tiempo en el hogar la Señora Pang continuaba practicando Zazen con su hijo.
Un bonito ejemplo de su comprensión despierta aparece en la obra: “Los dichos del maestro Pang”. Un día ella llevó comida como ofrenda para el templo budista del lugar, el cura del templo le preguntó el propósito de la ofrenda para que él pudiera efectuar la transferencia de los méritos. La Señora Pang tomó su peine, lo insertó en el pelo en la nuca y proclamó: “Transferencia de méritos cumplida!”. Nuestro conocimiento de la vida diaria de la familia Pang pero podemos suponer que no se separaron tomando cada uno su camino, sino que siguieron en contacto y que cada uno continuó practicando por su cuenta con su estilo. La señora Pang y su hijo como campesinos Pang y Ling-chao como vagabundos. En cierto momento Pang y su hija se establecieron en una cueva 20 millas al sur de Hsiang-yang, aquí les visitaba diariamente el prefecto Yu Ti funcionario abierto y practicante del Zen che registró los dichos, los poemas y la enseñanza de Pang.
La gente del lugar consideraba que la familia Pang no actuaba de la manera correcta, ellos habían dejado la vida relativamente cómoda del funcionario para dedicarse al vagabundeo y a la literatura, habían abandonado su nivel social y se habían metido a riesgo de morirse de hambre. Aunque confucianos de nacimiento se hicieron budistas pero no se volvieron monjes.
A pesar de haber sido certificado como despierto por Sekito y Baso, Pang no dio enseñanzas públicas y no tuvo un círculo de discípulos, no llevaba la campana tradicional del romero budista sino la caña de bambú de los viajeros ordinarios. Él llevaba su simple caftán que solía llamar: “mi traje de vacuidad sin costuras”. No deseaba el traje negro que le hubiera asegurado una reputación en el Zen. En China los trajes blancos eran signo de duelo y de austeridad. Pang era abierto y sencillo con todos, Confucianos, Taoístas, Gobernadores militares y niños, con sus colega ambulantes y con los más ilustres maestros del Zen. Su amigo y biógrafo Yu Ti lo describe como un “Bodhisattva sin demora” una encarnación china de Vimalakirti. Después de haber vivido dos años en la cueva cercana a su ciudad natal Pang decide que es tiempo de morir, sentado en Zazen pide a su hija de salir y de decirle cuando el sol haya alcanzado el Zenit. Quería morir a las doce. Ling-chao sale y regresa inmediatamente diciendo: “Ya ha llegado la tarde y hay una eclipse de sol sal y entérate”
“¿Es verdad?” Dice Pang.
“Claro que sí”
Pang se levanta de su asiento para asomarse a la entrada y su hija salta dentro de la cueva y ocupa su asiento, cruza las pierna y muere al instante. Cuando Pang regresa y ve lo que ha pasado dice: “Mi hija siempre ha sido rápida. Esta vez me ha adelantado”, Salió otra vez, recogió madera ofició la ceremonia de cremación y observó el periodo de duelo tradicional de siete días antes de morir él mismo acompañado por el Gobernador Yu Ti. Yu vino a ver como se encontraba. Pang puso la cabeza en sus rodillas y le dijo: “Te ruego que consideres todos los fenómenos como vacíos y cuidesde no considerar real lo que no tiene existencia propia: cuídate en este mundo de sombras y de ecos”. Luego murió Yu se ocupó de los rituales de la cremación y escribió a la señora Pang . Cuando recibió la carta ella exclamó: “Esta niñata tonta y este viejo se han ido si decírmelo, Imperdonable.”
Luego se fue a ver a su hijo Keng-huo que estaba trabajando en el campo. Cuando oyó la noticia Keng-huo dejó caer la azada lloró y murió al instante. La señora Png cuido la ceremonia de cremación. Luego se despidió de sus amigos y se fue al monte. Nunca más se oyó hablar de ella.

El zen en los arrabales

Hoy aquí en Europa la práctica del zen es firmemente organizada en los centros. Según las costumbres del AZI, donde yo me he educado, y donde me han sido transmitidos los preceptos y los votos, los centros tienen unas cuantas reglas y tienen que ubicarse en el centro de las ciudades cuando posible. Los primeros discípulos de Deshimaru eran muy parisinos!
De hecho muchos centros y grupos de Zen se encuentran dentro de centros de Yoga, herbolarios, centros holísticos y otros supermercados del bienestar.
Esta forma de organización ha tenido algunas consecuencias que han limitado el desarrollo del Zen europeo tanto en alcance como en profundidad.
La ubicación central de los centros y de los grupos limita mucho el contacto con el Zen de las clases más populares, lo mismo vale por encontrarse muchas veces en locales compartidos con actividades holísticas, New Age y otras mercancías percibidas como de lujo. Esta limitación tiene toda la apariencia de ser una auto-limitación. En medio de tantas mercancías también el Zen se confunde con las otras mercancías y esto hace que las personas que se acercan a nuestra práctica lo hagan tal vez con un espíritu equivocado y cuando entran en la práctica se encuentran desubicados, sin preparación y dejan antes aún de haber empezado.
La estructura organizativa basada en Centros y grupos con las características que acabo de describir es hoy disfuncional y el riesgo es de perjudicar la transmisión de nuestra práctica si no se intenta valorarla con objetividad.
Los centros y grupos son a menudo gestionados por un responsable o un puñado de responsables cuya elección no es clara, aunque fundamentada en la disponibilidad a trabar para ayudar a los practicantes de manera concreta. Esto provoca conflictos internos que no encuentran un marco claro en el cual solucionarse.
Los Centros tal como son organizados tienen dificultades a comunicar entre sí sobre todo cuando perteneces a las sanghas de “maestros” diferentes del AZI o del SOTO europeos. Esto por lo menos según mi experiencia muy periférica y local.
En otros casos los responsables de centros y grupos son valorados a en función del número de practicantes que tienen o ellos mismos acaban por valorarse en este sentido lo que produce la deriva hacia prácticas que con el Dharma no tienen absolutamente que ver como la Mindfulness y otras Terapias más o menos interpersonales o humanísticas.
Lo mismo vale por los responsables que viven del Centro.
En ambos casos lo que se genera es una competencia entre los centros que se encuentra en la mismas zonas y la falta de intercambio y de comunicación entre ellos.
La organización por centros y grupos es muy típica del Zen europeo y no tiene fundamento en la tradición, tampoco parece ser adecuada para la difusión y la transmisión del Dharma en la sociedad de hoy.
Hoy todo lo que la sociedad humana ofrece lo ofrece bajo la forma de la mercancía, y esto vale también para las prácticas espirituales. ¿Esto vale también para el Zen? ¿Puede la práctica del Zen desarrollarse afuera de esta dimensión? Lo que queda afuera del mercado hoy es obligatoriamente algo esotérico porque lo exotérico es el mercado mismo. Salir completamente del cuadro de la mercancía significa en cierta medida entrar en una dimensión esotérica. ¿Esto es posible, es útil, es necesario? Es importante buscar una respuesta a estas preguntas.
Lo cierto es que este tipo de organización no facilita la dimensión profunda de la práctica.
La dimensión de la amistad.
Una propuesta que me parece interesante es introducir la amistad como base organizativa de la práctica. Los practicantes no son clientes de un centro, discípulos de un responsable, miembros de una organización son amigos espirituales. Amigos en la Vía. La figura del amigo espiritual es presente en las escrituras Pali. Los amigos iluminan recíprocamente sus ilusiones. Una comunidad de amigos y amigas, es otra cosa que un centro con un responsable que juega el papel de maestro. (A lo mejor esto casi no ocurre, pero los conflictos son igualmente demasiados frecuentes). Y una comunidad de amigos en la práctica puede reunirse en sitios informales, en la casa de quien tiene disponibilidad, por ejemplo, en un parque, en cualquier otro lugar informal donde sea posible sentarse. Se pueden organizar retiros y sesshines con los recursos que cada comunidad de amigos pueda compartir: la casa de campo de uno de ellos, el garaje de otros, el patio, la gimnasia en las horas o día de reposo. Y sobre todo alejarse de los centros hacia los arrabales.

Un Budha, un hamster y los fetiches de la ideología

Hoy una especie de sabiduría agnóstica, oriental, de la nueva era, o usualmente alguna clase de falso Taoísmo o Budismo se está convirtiendo en la forma predominante de ideología. ¿Cómo funciona este Budismo? ¿Por qué es la ideología ideal para el capitalismo tardío?

El mensaje fundamental [de esta nueva corriente] es “no persigas el éxito material, no participes en el juego social por entero, hazlo con distancia.” Ustedes saben cómo son usualmente los posters de propaganda de los cursos budistas. Hay un primer párrafo anticapitalista: “No te dejes atrapar en esta lucha por lo material, retírate a la paz, etc., etc.”. Pero el segundo párrafo siempre es “de esta manera vas a ser aún más exitoso en los negocios”.

La visión es que el funcionamiento de nuestra vida capitalista de todos los días es tan frenética, tan alocada, que para sobrevivir necesitas tomarlo como si fuera un juego, no un compromiso real, porque si estás demasiado comprometido te vuelves loco. Creo que el funcionamiento de la ideología es, en este punto, fetichista. ¿Qué significa el fetichismo en este contexto? Los fetichistas no son idiotas, son realistas. Un fetichista es alguien que, aferrándose a su fetiche, puede soportar la realidad tal como es.

Déjenme contarles una historia, que es real, le sucedió a un amigo mío recientemente, cómo hizo para sobrevivir a la muerte de su esposa. Fue la trágica historia frecuente, él estaba felizmente casado, la esposa fue al doctor, de pronto le dijeron “tienes cáncer de mama” y murió en tres meses. Pero la gran sorpresa para sus amigos fue descubrir cómo después de la muerte de su esposa, este tipo podía hablar bastante fría, normalmente, aún de los más dolorosos momentos de la muerte de su esposa. No teníamos que simular, que evitar el tema traumático, era absolutamente normal, él podía hablar sobre todo. Entonces nos preguntamos, “¿Pero este tipo es un monstruo o qué? ¿Cómo puede tratar tan fríamente la muerte de su esposa?”.

Pronto descubrimos el secreto. Es tan simple y ridículo que sólo porque es verdad puedo contarlo seriamente y creerlo. Nos dimos cuenta que siempre que hablaba de su mujer, de los momentos más dolorosos de su muerte, él jugaba en su regazo, con sus manos, con un pequeño hámster, la mascota de su mujer; y que este hámster era su fetiche. Funcionaba como una especie de negación simbólica de lo que estaba diciendo. Él era capaz de admitir racionalmente la muerte de su esposa, pero con el hámster bloqueaba la verdad contenida en su aceptación de esta muerte. Ustedes se preguntarán si esto es una especie de análisis salvaje muy primitivo, y cómo podemos saber que realmente esto era así. Desafortunadamente tengo la prueba, como saben, los hámsters viven por muy poco tiempo: medio año después de la muerte del hámster, el tipo se quebró y debió ser hospitalizado por un intento de suicidio.

Así es como creo que sobrevivimos hoy a la realidad capitalista, podemos ser muy realistas, actuar con crueldad, no tener ilusiones sobre la vida social, pero cuando encontramos a alguien que dice “No tengo ninguna ilusión, puedo aceptar la vida tal como es, cruel, sin ideales”, háganle una simple pregunta: ¿Dónde está tu hámster?

Mi idea es que este budismo occidental es un hámster gordo y grande. Puedes participar completamente en el salvaje juego capitalista mientras tu entrenamiento y tu meditación y demás te dan la ilusión de que esa no es la vida real, sólo estás jugando el juego social, en realidad estás en cualquier otro lado.

Creo que ni siquiera podemos decir que esto es sólo una falsificación occidental, que la verdadera sabiduría oriental es algo totalmente diferente. Recientemente leí un libro maravilloso de un autor llamado Brian Victoria, Zen y guerra, que demuestra que en los 30s y 40s, con la excepción de algunos disidentes, las autoridades budistas zen japonesas apoyaron completamente al militarismo imperial japonés […] Pero lo interesante es cómo los budistas justificaron al militarismo. Un nivel fue la justificación teleológica usual, que también conocemos en occidente, “a veces tienes que hacer un mal menor por el mayor bien, no deberíamos matar, pero matemos un poquito para prevenir una gran matanza”. Pero la legitimación clave fue mucho más interesante y siniestra: la idea era que la obediencia militar absoluta e incondicional, la ejecución inmediata de órdenes, era la vía directa de la mayoría de la gente para conseguir la iluminación espiritual. Porque la idea era que el oro del esclarecimiento budista, la superación del falso “sí mismo” (self), se logra a través de la disciplina militar perfecta, donde uno se convierte en una máquina, sólo ejecuta órdenes, te sobrepones a ti mismo.

Déjenme evitar un malentendido, no estoy diciendo que esto significa que el budismo zen es una falsedad, una falsedad militar secreta. Afirmo que lo mismo puede decirse de los grandes místicos de Europa occidental. Si miran de cerca a muchas de las grandes figuras místicas descubrirán que también eran políticamente activas y extremadamente crueles. Mi conclusión es simplemente que aún el esclarecimiento místico y espiritual más auténtico es éticamente neutral.

No hay nada que nos prevenga de cometer los peores crímenes. Déjenme contarles un extraño hecho que pienso que es aquí profundamente indicativo. ¿Saben cuál era el libro favorito de Himmler, el jefe de la SS de Hitler? Era un libro encuadernado en un cuero especial que llevaba todo el tiempo en su bolsillo: el Bhagavad-Gítá. La idea es que así es como un soldado nazi debe cometer sus asesinatos, con una distancia interior, sin participar en ello.

Ahora, para concluir realmente, pienso que por lo que debemos esforzarnos no es en las hipocresías religiosas, no las religiones si no su utilización hipócrita. Necesitamos una lógica diferente de compromiso colectivo, de compromiso ético. ¿Dónde encontramos esto? ¿Cuál es la solución? Me encantaría desarrollarlo, pero me piden que termine.

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Autor: Slavoj Žižek

Fuente: Why Only an Atheist Can Be a True Christian